No todos nacen sabiendo las cosas que harán que cada uno de sus días sea un día especial. Justamente saber encontrar el camino que nos hará la vida más placentera es una de las cosas más difíciles de descubrir y más aún lograr saberlo desde muy niños.
Quizás esto resulte, para muchos, una quimera. La tendencia de la mayoría es creer que nunca antes de la adolescencia se logra tener certeza de lo que queremos, de lo que realmente nos gusta y por qué cosas estaremos dispuestos a luchar siempre por no perderlas.
Me encuentro en el porcentaje de personas que siempre ha tenido claro que camino seguir. Con cada edad un nuevo indicio, con cada experiencia una nueva conclusión. Pero más allá de lo que concierne a proyectos, me refiero a formas de vida. El sentimiento profundo y primordial de la libertad es uno de los llamados de atención. La necesidad de independencia es la que nos llevará a recorrer muchos de nuestros mundos interiores. Y la intuición, esa sensación de que hemos llegado al lugar correcto será nuestra principal aliada.
Siendo niños, sin saber explicarlo, ya entendemos todos estos signos. Percibimos que somos uno, con algunas diferencias y con otras similitudes. Que aquello que sólo nosotros conocemos, justamente es allí donde comienza el camino.
lunes, 4 de julio de 2011
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